Parábolas Para El Alma

¿Sueltas la cuerda porque la señal de Dios te parece pequeña?

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¿Sueltas la cuerda porque la señal de Dios te parece pequeña?

La campanilla en la niebla

“Un caminante cansado encontró un puente de cuerdas perdido en la niebla. La tensión era si avanzaría con una señal demasiado pequeña.”

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Un caminante llegó cansado a la orilla de un río ancho, cubierto por una neblina tan espesa que no se veía la otra ribera. Había caminado todo el día buscando el cruce, y al fin lo encontró: un puente de cuerdas que se perdía a pocos pasos dentro de la bruma. Junto a la cuerda principal colgaba otra más delgada, mojada por el rocío, con una pequeña campanilla de bronce atada en el extremo.

Una voz le llegó desde algún lugar al otro lado, apagada por la niebla.

—Toma la cuerda y avanza paso a paso —dijo—. Cuando dudes, tira suavemente de ella y la campanilla sonará. Yo te iré marcando el camino.

El caminante quiso responder, preguntar cuántos pasos faltaban, si el puente aguantaría, hacia dónde debía mover el pie. Pero la voz no dijo más. Solo quedaba la cuerda húmeda entre sus manos y aquella campanilla que apenas pesaba.

Dio los primeros pasos. La tabla crujía bajo sus pies. Tiró de la cuerda y la campanilla sonó, clara, como si alguien hubiera encendido una pequeña luz en medio del aire gris. Entendió que debía seguir recto. Avanzó un poco más. Volvió a tirar, volvió a sonar. Así cruzó un buen trecho, pero la niebla no se abría. No veía dónde terminaba el puente ni si terminaba. La angustia le subió al pecho.

—Esto no basta —murmuró—. ¿Cómo voy a confiar si no veo nada? Solo tengo una campanilla y una voz que ya no habla.

Se sintió abandonado en medio del río. Pensó que la señal era demasiado pequeña, que aquella ayuda no era ayuda. Decidió soltar la cuerda y volver atrás, hacia la orilla conocida. Pero en cuanto aflojó los dedos, su pie resbaló hacia el borde de la tabla. Debajo corría el agua oscura, golpeando las piedras.

Dio un manotazo y volvió a agarrar la cuerda delgada. La campanilla sonó, fuerte esta vez, y desde la otra orilla la voz respondió al instante.

—Por ahí no. Te has ido al filo. Vuelve al centro, dos pasos a tu izquierda.

Entonces lo comprendió. Cada vez que la campanilla sonaba, el guía al otro lado sabía exactamente dónde estaba su pie y lo apartaba del borde. La señal que le había parecido insuficiente era justo lo que lo mantenía con vida. No le faltaba guía: le faltaba confiar en la guía que ya tenía. Corrigió el rumbo, siguió tirando de la cuerda paso a paso, y al fin la niebla se abrió. Del otro lado vio una mano tendida que lo esperaba en tierra firme.

Moraleja: Cuántas veces, cuando nuestra fe entra en crisis, confundimos la niebla del momento con el abandono de Dios y soltamos la cuerda porque la señal nos parece pequeña. En lugar de exigir ver toda la otra orilla, prestemos atención a la guía que ya recibimos: una paz sencilla, una palabra oportuna, un consejo sabio, una puerta que se abre. Si hoy estás detenido por miedo, obedece la luz que alcanza para el siguiente paso y no desprecies la campanilla que Dios puso en tu mano. Muchas veces esa señal pequeña es la manera en que Él nos mantiene lejos del borde.

Versículo

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. – Salmos 119:105

Reto para hoy

Esta semana, cuando una decisión te parezca cubierta de niebla, no esperes claridad total para moverte. ¿Cuál es el siguiente paso pequeño que ya sabes que debes dar? Escríbelo hoy y cuéntaselo antes de dormir a una persona sabia que pueda ayudarte a no soltar la cuerda.

Oración

Dios, cuando no veo todo el camino, me cuesta confiar. Perdóname por despreciar las señales pequeñas que ya me has dado. Dame humildad para pedir consejo hoy y valentía para dar el paso que sí conozco. No permitas que el miedo me haga soltar la cuerda. Guíame con paciencia y enséñame a seguir tu voz. Amén.

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