Toda palabra de Dios es limpia
Toda palabra de Dios es limpia; él es escudo a los que en él esperan. — Proverbios 30:5 — RVR1960

Mi hijo tiene seis años y desde hace meses duerme con la luz del pasillo encendida. Un día me pidió algo distinto: que le leyera un cuento, pero que no le dijera cómo terminaba. «No quiero saber si al final pasa algo feo», me dijo. Quería saltarse las páginas difíciles, llegar directo al final seguro sin pasar por el nudo de la historia.
Esa noche elegimos un cuento nuevo. En la mitad había un bosque oscuro y un personaje que se perdía. Sentí cómo mi hijo se tensaba a mi lado, listo para pedirme que cerrara el libro. «¿Y si lo leemos completo, tú y yo juntos?», le ofrecí. «No te voy a dejar en el bosque solo». No le prometí que no habría parte miedosa. Solo le prometí que yo seguiría ahí, página tras página, con mi voz firme.
Se acurrucó contra mí. Leí despacio. Cuando llegamos al bosque oscuro, su manita buscó la mía y la apretó. Pero no me pidió que saltara. Se quedó. Escuchó cada palabra, incluso las que daban un poco de miedo, porque mi voz no se detuvo y mi brazo no lo soltó.
Al terminar me dijo: «No estaba tan feo cuando lo leíamos juntos».
Pensé en cuántas veces le pido a Dios que me salte las páginas difíciles. Que adelante lo que me angustia, que me entregue solo el final seguro. Y cómo Él, en cambio, me ofrece algo mejor: no quitar el capítulo difícil, sino leerlo conmigo. Su Palabra no me promete una vida sin bosques oscuros. Me promete que cada palabra suya es verdadera, probada, limpia, y que puedo esconderme en Él mientras atravieso lo que me asusta.
No necesito saltarme las páginas. Necesito saber de quién es la voz que me acompaña. Y cuando leo que toda palabra de Dios es pura, que Él es escudo de los que en Él confían, entiendo que no me saca del miedo por arte de magia. Me sostiene adentro del miedo hasta que descubro que nunca estuve solo.
Oración
Señor, confieso que muchas veces quiero saltarme las páginas difíciles de mi vida. Te pido que me adelantes al final seguro, que me quites el nudo antes de vivirlo. Pero hoy entiendo que Tú no me ofreces escape, sino compañía. Gracias porque cada palabra Tuya es pura, probada, verdadera. No me has mentido nunca y no vas a empezar hoy. Gracias porque eres escudo para los que en Ti confían, no una pared que me esconde, sino una presencia que me sostiene mientras avanzo. Cuando el capítulo se ponga oscuro, recuérdame que Tu voz no se detiene y Tu mano no me suelta. Dame el valor de quedarme presente, con los ojos abiertos, confiando en que Tú lees cada línea conmigo. Enséñame a refugiarme en Tu Palabra, no para evitar la vida, sino para atravesarla contigo. Que mi confianza no dependa de que todo sea fácil, sino de saber quién me acompaña. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar
- ¿Qué capítulo de mi vida quisiera saltarme ahora mismo?
- ¿En qué momentos he confundido la protección de Dios con un escape del problema?
- ¿Qué palabra o promesa de Dios puedo repetirme cuando el miedo quiere que cierre el libro?
- ¿Cómo cambiaría mi ánimo si creyera de verdad que Dios lee mis páginas difíciles conmigo?
- ¿A quién puedo acompañar esta semana, quedándome a su lado sin prometerle que le quitaré el miedo?
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