Parábolas Para El Alma

¿Tomas algo pequeño del trabajo porque juras que nadie lo nota?

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¿Tomas algo pequeño del trabajo porque juras que nadie lo nota?

Madrugada en recepción

“Ramiro trabaja de vigilante nocturno mientras carga una preocupación urgente por la salud de su hija. Una necesidad real pondrá a prueba su manera de hacer lo correcto.”

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Ramiro llegó como cada noche a la recepción de la oficina, justo cuando la ciudad todavía dormía. Marcó su entrada en el torniquete, encendió las luces tenues del pasillo y comenzó su ronda entre los cubículos apagados. Era vigilante nocturno desde hacía tres años, y conocía cada rincón de aquel edificio: la máquina de café que goteaba, la fotocopiadora que se trababa, el zumbido bajo de las computadoras en reposo.

Esa madrugada, sin embargo, traía el corazón apretado. Su hija pequeña sufría de asma, y el inhalador se había terminado dos días atrás. Cada noche la oía toser desde su cuarto, y cada noche calculaba números que no le alcanzaban. Ya debía un préstamo, y la sola idea de pedir otro le quitaba el sueño que de por sí no tenía.

Al pasar por la sala de juntas, notó la pantalla todavía encendida y, debajo de la mesa larga, un sobre manila olvidado. Lo recogió. No estaba sellado. Adentro había un fajo de billetes, viáticos que alguien había dejado caer sin darse cuenta. Ramiro se quedó quieto en la penumbra. Nadie lo veía. Nadie sabría jamás si faltaba un poco. Solo un poco, lo justo para el inhalador, pensó. Era una urgencia real, una necesidad de verdad.

Se sentó en una silla con el sobre en las manos durante un largo rato. La necesidad le ofrecía mil excusas, todas razonables. Pero algo dentro de él no cedía. "Si tomo lo que no es mío, aunque sea por mi hija, sigue sin ser mío", se dijo en voz baja. Contó los billetes, los devolvió completos al sobre y lo dejó en recepción, anotando en la bitácora la hora y el lugar donde lo había encontrado.

Apenas amanecía cuando el gerente entró casi corriendo por el torniquete, pálido, revisando bolsillos y carpetas. Buscaba ese sobre con desesperación: el dinero debía rendirse en una auditoría esa misma mañana, y su falta lo habría dejado en una situación gravísima. Cuando Ramiro le entregó el sobre intacto, el hombre lo abrió, contó cada billete y se quedó mirándolo como a alguien recién encontrado.

Días después, el gerente lo llamó a su oficina. Le ofreció un turno mejor, con horario más humano y mejor pago. Y al enterarse, con discreción, de lo de la niña, se aseguró de que la medicina llegara sin que Ramiro tuviera que pedir nada. La honradez de aquella madrugada no solo había salvado al gerente de una falta grave; también le abrió a Ramiro una puerta que ningún billete tomado a escondidas habría podido abrir.

Moraleja: la integridad en el trabajo no se mide cuando todo está vigilado y en orden, sino cuando la necesidad te ofrece excusas y nadie parece estar mirando. Cuántas veces una urgencia real, una deuda o una enfermedad en casa nos tienta a tomar un poco de lo que no nos corresponde, convencidos de que se justifica y de que nadie lo notará. Pero una necesidad legítima nunca vuelve legítimo lo ajeno. Lo que tomamos a escondidas para resolver hoy puede pesarnos mañana más que el problema que queríamos resolver. Recordemos que Dios puede abrir una salida limpia, pero nuestras manos deben permanecer limpias para recibirla.

Versículo

El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado. – Proverbios 10:9

Reto para hoy

Esta semana, cuando manejes dinero, tiempo o recursos de tu trabajo, revisa si hay algo pequeño que estás justificando porque "nadie lo nota". ¿A quién tendrías que avisarle o devolverle algo antes del viernes? Hoy mismo escribe un mensaje breve, corrige ese registro o deja ese objeto donde corresponde.

Oración

Dios, dame integridad cuando nadie me está revisando. Tú conoces la presión económica o familiar que a veces me tienta a justificar atajos. Ayúdame hoy a devolver, corregir o confesar lo que no me corresponde, aunque parezca pequeño. Abre una salida limpia donde yo solo veo urgencia. Amén.

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