Parábolas Para El Alma

¿Ese chisme es verdad o solo tu caña hueca lo agranda?

4 min de lectura
¿Ese chisme es verdad o solo tu caña hueca lo agranda?

Cuando se hundió la caña

“Inés escucha a los patos junto al estanque, donde una caña hueca convierte cada graznido en trompeta. Entre la risa de los animales y sus propias ganas de repetir lo oído, una frase empieza a pesar más de lo que parece.”

🎧 Escucha la reflexión

¿Cuánto tarda una risa en convertirse en herida?

Inés tenía nueve años y un secreto que no había contado a nadie: entendía lo que decían los animales de la orilla del estanque. Se sentaba entre los juncos, quieta como una piedra plana, y escuchaba.

Esa mañana los patos estaban alborotados. Uno de ellos había encontrado una caña hueca entre los juncos, y descubrió que si graznaba dentro, su voz salía más grande, más aguda, más divertida. La pasaban de pico en pico como una trompeta.

—La tortuga escondió maíz bajo las hojas —dijo uno por la caña, y la voz retumbó sobre el agua.

—¡Egoísta! ¡No comparte con nadie! —repitió otro.

La caña lo hizo sonar como una verdad enorme.

Inés se rió. Era gracioso, la voz gorda saliendo del tubo, y la tortuga siempre tan lenta, tan encerrada en su caparazón. Sin pensarlo mucho, cuando pasó junto al bebedero de madera y vio a los conejos, soltó lo que había oído:

—¿Sabían que la tortuga guarda maíz y no lo reparte?

Los conejos abrieron los ojos. Uno se lo contó a las gallinas. Las gallinas al ganso. Para el mediodía, toda la orilla miraba a la tortuga de reojo, y la caña seguía repitiendo la historia cada vez más grande: ahora la tortuga tenía un granero entero escondido, ahora se reía de los que pasaban hambre.

Inés empezó a sentir algo raro en el estómago. Ella solo lo había oído. Ella no lo había visto.

Entonces un pato, mareado de tanto graznar, dejó caer la caña. El tubo golpeó una piedra, rodó y se hundió en el agua con un gluglú. Las voces dejaron de agrandarse. Y en el silencio, se oyó a la tortuga, muy bajito, hablándole a su caparazón.

—Un poco más de paciencia —decía—. Cuando la zorra se vaya de la loma, los descubro y buscan a su madre.

Inés se acercó por los juncos. La tortuga estaba junto a un montón de hojas secas. Debajo, con mucho cuidado, había cinco huevos de codorniz que alguien había abandonado. La tortuga los cubría del sol y de los ojos de la zorra, sin moverse, sin quejarse, mientras todos la llamaban egoísta.

No era maíz. Nunca había sido maíz.

Inés sintió que la cara le ardía. La caña ya no estaba para echarle la culpa. La historia había salido de su boca, y ella la había prestado al viento sin saber si era cierta.

Antes de que el sol bajara, la niña caminó por toda la orilla. A los conejos, a las gallinas, al ganso, a cada uno le dijo la verdad: la tortuga no guardaba nada para ella, cuidaba una vida que no era suya.

Tú también tienes una caña hueca a la mano: el mensaje que reenvías, el chisme que repites en la mesa, el "me dijeron que" sobre alguien que no está para explicarse. Antes de soltarlo, hazle tres preguntas, como debió hacer Inés: ¿es verdad?, ¿es justo con quien no está aquí?, ¿hace falta decirlo? Si lo que oíste no ha pasado por la verdad, por la compasión y por la necesidad, no lo prestes al viento. El viento no lo devuelve; solo lo agranda hasta que hiere.

Versículo

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. – Efesios 4:29

Reto para hoy

Pon el pulgar quieto sobre el botón de reenviar durante tres segundos. Pruébalo en el próximo chat familiar o en la mesa de hoy. Si el mensaje, la broma o el comentario habla de alguien que no está, haz estas tres preguntas: ¿es verdad?, ¿es justo?, ¿hace falta decirlo? Si no puedes responder sí, no lo compartas y cambia el tema con una frase sencilla.

Oración

No quiero prestar mi boca al viento que agranda rumores. Perdóname por el juicio rápido que cargo contra quien no está para explicarse. Dame dominio para callar, borrar o preguntar antes de reenviar. Que mis palabras sirvan para cuidar y no para herir.

Compartir artículo:
https://renuevo.com/ese-chisme-es-verdad-o-solo-tu-cana-hueca-lo-agranda.html

Deja un comentario