Parábolas Para El Alma

¿Esperas el día perfecto mientras tu puñado de semillas se seca?

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¿Esperas el día perfecto mientras tu puñado de semillas se seca?

Un surco cada mañana

“Un campesino guardaba sus semillas esperando el día perfecto para sembrar todo su campo. Al otro lado del camino, su vecino se agachaba cada mañana sobre la tierra húmeda.”

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Dos hombres tenían sus parcelas una junto a la otra, separadas apenas por un camino de tierra. Cada mañana, cuando la neblina se levantaba, los dos salían a mirar su pedazo de campo. Cada uno guardaba en el bolsillo un puñado de semillas que el viejo del pueblo les había repartido para la temporada.

El primero era un hombre impaciente. Sacaba sus semillas, las hacía correr entre los dedos y miraba el cielo como quien espera una señal. Si el sol salía fuerte, pensaba: "Hoy la tierra se va a secar demasiado. Mañana, cuando refresque, sembraré todo de una vez." Si amanecía nublado, decía: "No conviene empezar así. Mejor espero un día claro." Si el viento levantaba polvo, volvía a guardar las semillas y se prometía que pronto haría el trabajo completo.

No era un hombre perezoso en sus palabras. Hablaba de su campo con entusiasmo. Decía que quería sembrar derecho, profundo y sin errores. Soñaba con una gran jornada en la que dejaría toda la parcela lista antes de que cayera la tarde. Pero cada mañana encontraba una razón para no agacharse ese día.

El vecino era distinto. No tenía mejor tierra ni más fuerza. Algunas mañanas también salía cansado. A veces miraba el cielo con preocupación y suspiraba. Pero luego se arrodillaba sobre la tierra, abría un surco pequeño y ponía unas cuantas semillas. Un día sembraba una fila corta. Otro día apenas media fila. Después echaba un poco de agua, se limpiaba las manos y seguía con sus tareas.

El impaciente lo miraba desde el camino y sonreía por dentro. "Así no se avanza", pensaba. "Cuando yo empiece, en un solo día haré más que él en una semana." Y volvía a tocar el puñado de semillas en su bolsillo, seguro de que su plan era más inteligente.

Pasaron los días. Luego pasaron las semanas. El bolsillo del primer campesino seguía lleno. Su tierra seguía lisa, esperando. En cambio, la parcela del vecino tenía surcos pequeños, unos recientes y otros ya cerrados por la tierra.

Una noche llegó la primera lluvia de la temporada. No fue una lluvia violenta, sino constante, de esas que caen despacio y penetran profundo. Al amanecer, los dos hombres salieron al camino.

El campesino impaciente se quedó quieto. La parcela de su vecino estaba cubierta de brotes verdes, fila tras fila, como si la tierra hubiera despertado toda al mismo tiempo. En su propio terreno no había nada. Solo barro limpio y las semillas todavía guardadas en su bolsillo.

Entonces comprendió que su vecino no había esperado una mañana perfecta. Había usado las mañanas imperfectas para sembrar un poco. La lluvia no hizo brotar deseos ni promesas, solo hizo brotar lo que ya estaba sembrado.

Moraleja: Cuántas veces nosotros somos como aquel campesino que guarda las semillas esperando el día ideal para cambiar, ordenar su vida, dejar un mal hábito o comenzar algo bueno. Decimos "mañana lo hago completo", y mientras tanto no sembramos ni un solo surco hoy. Recordemos que Dios suele bendecir la fidelidad pequeña y constante: una oración breve, una disculpa dada a tiempo, una decisión correcta, un esfuerzo hecho aunque nadie lo aplauda. Más vale sembrar un surco esta mañana que pasar la vida soñando con todo el campo para mañana.

Versículo

El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará. – Eclesiastés 11:4

Reto para hoy

Piensa en ese hábito que vienes posponiendo porque esperas tener más tiempo, más ánimo o mejores condiciones. ¿Cuál será tu surco pequeño de hoy: diez minutos de oración, ordenar un espacio, caminar quince minutos o pedir perdón a alguien? Antes de dormir, haz la primera acción concreta. Escríbele hoy a una persona de confianza y pídele que el viernes te pregunte si cumpliste.

Oración

Dios, reconozco que muchas veces espero el momento perfecto y dejo pasar lo que sí puedo hacer hoy. Dame dominio propio para dar un paso pequeño y concreto antes de que termine este día. Ayúdame a pedir apoyo a una persona sabia esta semana y a no esconderme detrás de excusas. Enséñame a ser fiel en lo poco, aunque nadie lo vea. Amén.

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