Parábolas Para El Alma

La mujer que no quería apagarse: descansa antes de romperte

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La mujer que no quería apagarse: descansa antes de romperte

“Valeria apura una presentación en la oficina, con el café intacto y la mirada pegada a la pantalla. Si se levanta de la silla, teme parecer menos indispensable.”

🎧 Escucha la reflexión

Valeria golpeó la barra espaciadora tres veces seguidas para que la pantalla no se durmiera. Faltaban cuarenta minutos para la reunión y la presentación todavía tenía tres diapositivas incompletas. No había tocado el café. No había levantado la vista.

Su abuelo Isidro terminaba de ordenar unas carpetas en el cubículo de al lado. Había vuelto a la oficina esa tarde para ayudar con el archivo, un favor de medio día que ya se estaba estirando.

—Descansa un momento, hija —le dijo—. Camina un poco. Toma agua.

—No puedo, abuelo. Si me paro justo ahora, van a pensar que no estoy pendiente. Quiero que sepan que siempre pueden contar conmigo.

Isidro se sentó despacio en la silla vecina. Al fondo, la fotocopiadora parpadeaba con una lucecita verde, entrada en su modo de ahorro, callada como si durmiera.

—Esa máquina lleva media hora en reposo —dijo él, señalándola con la barbilla—. ¿Crees que dejó de servir por eso?

Valeria apenas lo miró.

—Es distinto. Una fotocopiadora no tiene una reunión en cuarenta minutos.

—Tiene un propósito, igual que tú. Y sabe apagarse sin perderlo. Explícame por qué una máquina puede reposar tranquila y confiar en que despertará a tiempo, pero tú te exiges funcionar como si no tuvieras límites.

Ella abrió la boca para responder, y en ese instante la pantalla se congeló. El cursor dejó de moverse. Una franja gris cubrió las diapositivas y apareció el aviso: memoria sobrecargada. La computadora que había mantenido despierta y forzada toda la tarde se rindió de golpe.

Valeria apretó teclas, movió el ratón, susurró un ruego. Nada. El trabajo de horas se quedó atrapado detrás de una pantalla muerta.

—El respaldo —dijo casi sin voz—. Mandé el archivo a imprimir hace un rato. Quedó en cola.

Isidro caminó hasta la fotocopiadora. Rozó un botón. La lucecita verde dejó de parpadear, la máquina zumbó despierta al instante, y comenzó a soltar hoja tras hoja, tibias, completas, la presentación entera que Valeria creía perdida.

Ellos dos se quedaron mirando el papel salir.

—La que se apagó para descansar terminó tu trabajo —dijo el abuelo—. La que no se detuvo se quedó a medias.

Valeria recogió las hojas, todavía con el corazón acelerado. Las alineó sobre la mesa, tomó por fin el vaso de agua y bebió despacio. Luego se sentó, respiró, y por primera vez en toda la tarde levantó la vista hacia la ventana.

Descansar confiando en Dios no es abandonar tu deber; es apagarte a tiempo para despertar con la claridad que el deber necesita.

Versículo

Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño. – Salmos 127:2

Reto para hoy

Suelta el mouse y apaga la pantalla durante cinco minutos cuando notes que estás trabajando para demostrar que vales. Respira, toma agua y entrega a Dios el pendiente concreto que quieres controlar. Después vuelve solo a la siguiente tarea, no a probar que eres indispensable.

Oración

Enséñame a detenerme antes de romperme por querer demostrar que siempre puedo. Reconozco esa prisa que me hace confundir responsabilidad con control. Dame confianza para cerrar la pantalla, tomar agua y volver con claridad. Que mi descanso también sea obediencia.

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