Parábolas Para El Alma

El portón verde: no pases de largo ante quien te pide ayuda

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El portón verde: no pases de largo ante quien te pide ayuda

“Un caminante apurado bajaba por un sendero estrecho antes de que cayera la noche. Su prisa chocaría con una petición que parecía ajena a su camino.”

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Un caminante apurado bajaba por un sendero estrecho que pasaba junto a una fuente de piedra. Tenía que cruzar al otro lado del valle antes del anochecer, y cada minuto le pesaba como una piedra en la espalda. Caminaba mirando solo hacia adelante, calculando la distancia que aún le faltaba.

Al llegar a un portón verde encajado entre dos muros cubiertos de hiedra, vio a un anciano que forcejeaba con una tranca de madera atravesada en la entrada. La tranca se había hinchado con la humedad y no cedía. El anciano, con las manos temblorosas, empujaba sin lograr moverla.

—Joven, ¿podrías ayudarme un momento? Esta tranca está atascada y no la puedo levantar solo.

El caminante se detuvo apenas un instante. Pensó: "Si me pongo a abrir portones ajenos, voy a perder un tiempo que no tengo. Además, eso no es asunto mío." Así que murmuró una disculpa y siguió de largo, dejando al anciano con su tranca.

Más abajo, el sendero lo llevó hasta el río. Allí se quedó helado: el puente principal había caído. Las tablas estaban hundidas en la corriente y no había manera de cruzar. Preguntó a un pastor que pasaba, y este le señaló hacia atrás.

—El único paso seguro está cruzando aquel portón verde —le dijo—. Lleva a un puente de piedra más viejo, pero firme. Eso sí, hay que abrir la tranca para pasar.

El caminante volvió sobre sus pasos, avergonzado. El anciano seguía allí, todavía luchando con la madera. Esta vez el joven no dudó. Apoyó el hombro, empujó con fuerza, y entre los dos lograron levantar la tranca. El portón verde se abrió con un crujido.

Y entonces vino la sorpresa. Detrás del portón esperaban otros viajeros, un grupo de personas que también habían quedado atrapadas por el puente caído y no podían pasar mientras la tranca siguiera puesta. Al abrirse el portón, todos quedaron libres. El anciano sonrió y, con un gesto, invitó al caminante a cruzar primero hacia el puente de piedra que lo llevaría sano y salvo al otro lado del valle.

El caminante comprendió, ya tarde pero a tiempo, lo que al principio no había querido ver. El portón que se negó a abrir por creerlo ajeno era justamente la puerta de su propio camino.

Moraleja: Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo. Vemos a alguien que necesita una mano, pero pensamos que detenernos nos hará perder tiempo, que ese problema no es asunto nuestro, que tenemos cosas más importantes que atender. Seguimos de largo creyendo que el servicio al prójimo es una interrupción del camino correcto. Pero servir no nos desvía: muchas veces es el mismo camino que Dios usa para guiarnos. Recordemos esto: el portón que abrimos para otro suele ser el paso que también nosotros vamos a necesitar más adelante.

Versículo

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe. – Gálatas 6:10

Reto para hoy

Esta semana, cuando alguien te pida ayuda en medio de tu prisa, un compañero con una tarea, un vecino con un favor o alguien en casa con algo pendiente, no respondas en automático. ¿A quién podrías abrirle una puerta antes del viernes, aunque te quite diez minutos? Hoy escribe a esa persona o acércate y dile: "puedo ayudarte con esto", poniendo una hora concreta.

Oración

Dios, muéstrame cuando mi prisa está cerrando el corazón ante una necesidad cercana. Perdóname por tratar como estorbo a las personas que hoy podrían necesitar mi ayuda. Dame humildad para detenerme, escuchar y servir sin calcular tanto lo que pierdo. Ayúdame esta semana a abrir una puerta concreta para alguien, aunque me cueste tiempo. Amén.

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