Parábolas Para El Alma

Detenerte cuesta un minuto; esquivarlo te cuesta la mano que salva tu

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Detenerte cuesta un minuto; esquivarlo te cuesta la mano que salva tu

La fila del torniquete

“Tomás, carpintero de barrio, corre hacia el metro con saldo justo y un trabajo decisivo por delante. Su prisa lo enfrenta al costo de detenerse por un amigo.”

🎧 Escucha la reflexión

Eran las seis de la mañana y la estación del metro hervía de gente. Tomás, carpintero de barrio, apretaba en el bolsillo su tarjeta de prepago, agrietada por el uso y con saldo para un solo viaje. Ese día tenía que llegar a tiempo para instalar la puerta que le había encargado un cliente importante, alguien que podía recomendarlo a media ciudad si quedaba contento. No había margen para errores ni para gastos extra.

Mientras avanzaba en la fila hacia el torniquete, vio entre la multitud a Raúl, su amigo de toda la vida, que lo buscaba con la mirada y agitaba la mano. Tomás sintió una punzada de incomodidad. Si se detenía, Raúl seguramente le pediría que le prestara saldo para pasar, o lo entretendría conversando, y él perdería el tren. Su único saldo, su único viaje, su única oportunidad de no llegar tarde. Así que bajó la cabeza, fingió no verlo y se apuró hacia el andén.

"Después le explico", se dijo, aunque por dentro sabía que estaba huyendo de su amigo para no incomodarse. El tren llegó, las puertas se abrieron y Tomás entró empujado por la marea de pasajeros. Se agarró de la barra del pasamano, aliviado, repasando mentalmente la instalación que le esperaba. Fue entonces, al pensar en las medidas, cuando se le heló la sangre: había olvidado la escuadra de carpintero en el taller. Sin esa pieza no podía cortar ni ajustar nada. El trabajo entero estaba perdido.

Las puertas comenzaron a cerrarse. Y justo en ese instante, entre el gentío del andén, apareció Raúl corriendo, sin aliento, estirando el brazo por la rendija que quedaba. En su mano traía la escuadra de Tomás.

—La dejaste en el taller anoche. Te vi salir sin ella y vine corriendo a alcanzarte.

Tomás tomó la herramienta justo antes de que las puertas se cerraran. A través del vidrio vio a Raúl sonriendo, todavía recuperando el aire, despidiéndose con la mano. El mismo amigo al que había fingido no ver era el que lo había salvado. Raúl no buscaba un favor; venía a hacerle uno.

Moraleja: Cuántas veces nosotros, como Tomás, calculamos el costo de un boleto y no el valor de un amigo. Esquivamos al conocido en el torniquete, ignoramos la llamada incómoda o postergamos el favor pequeño, sin saber que tal vez esa misma persona viene a ayudarnos. La lealtad no se prueba solo en palabras bonitas, sino en esos minutos que decidimos regalar aunque tengamos prisa. No abandones a nadie por miedo a incomodarte, porque quizá en su mano traiga la escuadra que necesitas para que tu día no se venga abajo.

Versículo

En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia. – Proverbios 17:17

Reto para hoy

Esta semana, cuando veas una llamada pendiente o un mensaje de alguien que suele pedirte tiempo, no lo esquives por reflejo. ¿A qué amigo has estado dejando en el torniquete porque te incomoda detenerte? Escríbele hoy antes de dormir y ofrece una ayuda concreta: una llamada de diez minutos, un trámite o acompañarlo en algo que viene postergando.

Oración

Dios, reconozco que a veces calculo mi comodidad antes que la necesidad de quien tengo cerca. Perdóname por el mensaje que evito, la llamada que dejo sonar y el favor pequeño que postergo. Dame humildad para detenerme esta semana por esa persona que me cuesta atender. Ayúdame a ser un amigo leal aun cuando me retrase un poco. Amén.

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