Parábolas Para El Alma

La cuenta del viernes: si te cobran de menos, ¿lo callas?

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La cuenta del viernes: si te cobran de menos, ¿lo callas?

“Clara, maestra de primaria, almuerza en la cafetería escolar con un portero jubilado. Una cuenta mal cobrada pondrá delante de ella una decisión sencilla, pero difícil.”

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Era viernes y la fila en la ventana de pedidos de la cafetería escolar avanzaba despacio. Clara, maestra de primaria, esperaba con su bandeja metálica y dos comandas en la mano: la suya y la de don Ernesto, el portero jubilado que cada semana la acompañaba a almorzar antes de irse a casa. Desde hacía tiempo, ella le invitaba el almuerzo como una forma sencilla de agradecerle tantos años cuidando la escuela.

El cajero era un muchacho nuevo. Marcaba números con prisa, sumaba bandejas y vasos, y miraba de reojo la fila que no dejaba de crecer. Clara le entregó las dos comandas, pagó, recibió el cambio y fue a sentarse en una mesa de plástico junto a don Ernesto.

Mientras acomodaba su plato, revisó por costumbre el papel que el cajero le había devuelto. Frunció el ceño. En la cuenta aparecía solo su almuerzo. La comanda de don Ernesto no había sido cobrada.

Clara se quedó mirando el papel. Su sueldo era corto, y ese mes las cuentas le apretaban más que de costumbre. Pensó que tal vez no era grave. Después de todo, no había sido culpa suya. El muchacho se había equivocado. Nadie se daría cuenta. Bastaba con doblar la comanda, guardarla en el bolsillo y seguir comiendo.

Don Ernesto, que la observaba en silencio, notó la duda en su cara.

—¿Pasa algo con la cuenta? —preguntó.

—Se equivocaron a mi favor —respondió Clara en voz baja—. Me cobraron solo mi almuerzo. El suyo no aparece.

El anciano dejó el tenedor sobre la bandeja y la miró con calma.

—Dígame una cosa, Clara. Usted enseña a esos niños a no copiarse, a devolver lo que no es suyo y a decir la verdad. ¿Puede una maestra enseñar honestidad por la mañana y aceptar un descuento falso al mediodía?

Clara abrió la boca para contestar, pero entonces levantó la vista. En la mesa de al lado estaban tres de sus alumnos, comiendo despacio y mirándola como miran los niños a quien admiran. La habían visto revisar el papel. No entendían todos los detalles, pero sí estaban esperando, sin saberlo, a ver qué haría su maestra.

Clara respiró hondo, tomó la comanda y se levantó. Caminó hasta la ventana de pedidos y esperó su turno.

—Disculpe —le dijo al cajero cuando llegó al frente—. Me cobró de menos. Faltó cobrar el almuerzo de don Ernesto.

El muchacho revisó la pantalla, se sonrojó un poco y le agradeció. Clara pagó lo que debía y volvió a su mesa. Don Ernesto sonreía. Sus alumnos siguieron comiendo, pero algo habían aprendido sin que ella escribiera una sola palabra en la pizarra.

Moraleja: Cuántas veces, como Clara, enseñamos una cosa con la boca y somos tentados a hacer otra cuando un error nos favorece. Una cuenta mal cobrada no siempre es una bendición; muchas veces es una prueba sencilla de nuestra integridad. Recordemos que los niños, los amigos y aun los desconocidos aprenden más de lo que nos ven hacer que de lo que decimos defender. Si hoy encontramos una ventaja que no nos corresponde, corrijámosla, porque una conciencia limpia vale más que un almuerzo gratis.

Versículo

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. – Lucas 16:10

Reto para hoy

Esta semana, si te devuelven dinero de más, te cobran menos o recibes un beneficio que no te corresponde, no lo guardes en silencio. ¿A quién debes corregirle una cuenta, un dato o una ventaja antes del viernes? Hoy revisa una compra, un pago o un mensaje pendiente, y escribe o llama a esa persona para aclararlo.

Oración

Dios, ayúdame a ser íntegro cuando una ventaja parece pequeña y nadie me está mirando. Perdóname por las veces que he guardado silencio cuando debía corregir algo. Dame valor para aclarar una cuenta, un dato o una ventaja antes de que termine la semana. Que mis acciones enseñen más que mis palabras. Amén.

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