Dios abre camino donde no lo hay
He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. — Isaías 43:19 — RVR1960

Había un pasillo del hospital que aprendí a temer. Cada vez que lo caminaba, sentía que llegaba a una pared: los resultados no mejoraban, las cuentas se acumulaban, y yo no sabía qué puerta tocar. Un martes por la tarde me senté en una banca de ese pasillo y, sin darme cuenta, dije en voz alta lo que llevaba semanas pensando: «No hay salida».
Justo en ese momento pasó una señora de la limpieza empujando su carrito. Se detuvo, me miró y me dijo algo que no le pedí: «Mija, yo también estuve sentada aquí una vez pensando lo mismo. Y mire, aquí sigo, y el Señor sigue abriéndome puertas que yo ni veía». Siguió su camino como si nada. Yo me quedé temblando.
Porque así trabaja Dios muchas veces. No siempre quita la pared antes de que yo llegue. A veces me deja acercarme hasta el borde de lo imposible, y allí, cuando ya no me quedan planes, empieza a mover cosas que yo no puedo mover. Un teléfono suena. Alguien recuerda mi nombre. Una ayuda aparece de un lugar que ni conocía. No es magia; es un Padre que va delante de mí abriendo paso.
Esa tarde no cambió el diagnóstico de golpe. Pero cambió algo en mí. Entendí que un callejón sin salida para mí no es un callejón sin salida para Dios. Él no se queda mirando la pared conmigo; Él la convierte en umbral.
Ahora que empieza un año nuevo, quizá tú también estás parado frente a algo que se ve cerrado: una decisión, una deuda, una relación rota, una puerta que parece clausurada. No sabes cómo pasar. Está bien no saberlo. Tu tarea no es fabricar el camino; tu tarea es dar el primer paso confiando en que Aquel que va delante ya está trabajando.
Dios no espera a que veas la salida para empezar a abrirla. Muchas veces la está abriendo mientras tú todavía la lloras. Levántate de la banca. Camina hacia lo que temes. Vas a descubrir que donde tú veías muro, Él ya puso una puerta.
Oración
Padre, tú conoces la pared frente a la que estoy parado hoy. Conoces mi cansancio, mis planes agotados y ese pensamiento que me repito: que no hay salida. Perdóname por medir tu poder con el tamaño de mi problema. Tú eres el Dios que abre caminos donde mis ojos solo ven límites. Ayúdame a creer que ya estás trabajando, aun cuando todavía no veo nada moverse. Dame valor para dar el primer paso hacia lo que temo, confiando en que tú vas delante de mí. Enséñame a soltar el control y a descansar en tu guía. En este año nuevo, no quiero avanzar por mi fuerza, sino tomado de tu mano. Provee lo que me falta, abre las puertas que necesito y cierra las que no me convienen. Y cuando llegue a un umbral que no entiendo, recuérdame que tú ya estuviste allí antes que yo. Confío en ti, Señor. Guíame. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar
- ¿Frente a qué pared o callejón sin salida me encuentro al comenzar este año?
- ¿En qué áreas he estado tratando de abrir el camino con mis propias fuerzas?
- ¿Recuerdo una vez en que Dios abrió una puerta que yo no veía? ¿Qué aprendí de eso?
- ¿Cuál sería el primer paso de fe que puedo dar hoy hacia lo que temo?
- ¿Qué necesito soltar para confiar en que Dios ya va delante de mí?



