Parábolas Para El Alma

Cambio en la libreta: devuelve el billete que nadie reclama

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Cambio en la libreta: devuelve el billete que nadie reclama

“Rosa atiende la ventanita de un restaurante mientras intenta sostener los gastos de su casa. Una necesidad urgente pondrá a prueba lo que hace cuando nadie mira.”

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Rosa llevaba tres meses atendiendo la ventanita de pedidos de un pequeño restaurante de barrio. Entre notas manchadas de salsa, vasos de agua y una caja registradora vieja que se atascaba, pasaba sus horas tomando órdenes, sonriendo a los clientes y haciendo cuentas de cabeza. En casa la esperaba su esposo, enfermo desde el invierno, y una caja de medicinas que cada mes costaba más de lo que ella podía juntar.

Esa tarde, mientras ordenaba la libreta de pedidos, sus dedos tropezaron con algo entre dos hojas. Era un billete grande, doblado, perdido allí quién sabía desde cuándo. Rosa miró a un lado y al otro. Nadie lo había visto. Nadie lo reclamaba. El corazón le dio un vuelco, porque ese billete era casi exacto lo que le faltaba para comprar las medicinas de la semana.

Pensó en guardarlo. Se dijo a sí misma que seguramente era una propina olvidada, que nadie iba a notarlo, que con todo lo que ella cargaba bien merecía ese pequeño alivio. Lo apretó en la mano. Apenas tendría que cerrar el puño y meterlo en el bolsillo del delantal. Un gesto, y las medicinas estarían pagadas sin tener que pedir prestado otra vez.

Pero algo no la dejó tranquila. Esa misma noche, al cerrar la caja, las cuentas no le cuadraban. Faltaba justo esa cantidad. Entonces lo entendió. El billete no era una propina perdida. Era el cambio de un cliente, el dinero que ella misma debía haber entregado y que, con las prisas, quedó atrapado entre las hojas de la libreta.

No había terminado de pensarlo cuando un anciano apareció angustiado en la ventanita. Preguntó por su cambio. Dijo con voz temblorosa que era el dinero para sus propias medicinas, y que sin eso no le alcanzaría para terminar el mes.

Rosa sintió un nudo en la garganta. Sacó el billete del delantal y se lo entregó completo.

—Disculpe, señor. Fue mi error. Aquí está su cambio —le dijo.

El anciano tomó el billete con las dos manos. Sus ojos se llenaron de alivio.

—Gracias, hija. Hoy me ha quitado un peso del pecho —respondió.

Se marchó despacio, pero ya no caminaba con la misma angustia.

Al día siguiente, el dueño del restaurante revisó las cuentas de todos los turnos. Para su sorpresa, la única caja que cuadraba al centavo era la de Rosa. Las demás tenían pequeños faltantes y pequeños desórdenes que nadie había querido mirar. La llamó aparte y, en lugar de reprenderla, le ofreció más turnos en la caja, los de mayor responsabilidad y mejor paga.

—Necesito gente en quien pueda confiar con el dinero —le dijo—, y usted es esa persona.

Con esos turnos, Rosa pudo comprar las medicinas de su esposo sin pedir prestado a nadie.

Moraleja: La necesidad puede ser muy real y apretar muy fuerte, pero la necesidad nunca vuelve nuestro lo que es ajeno. Rosa estuvo a punto de justificar lo injustificable con la frase de siempre: "nadie lo va a notar". Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo con un cambio olvidado, un billete ajeno, una transferencia mal contada o una cuenta pendiente que preferimos dejar en silencio porque nos conviene. Recordemos que la integridad se prueba en esas cuentas pequeñas, cuando podríamos quedarnos con algo y nadie parece mirar. Devolver lo que no nos corresponde puede parecer una pérdida, pero Dios honra las manos limpias y abre caminos que el dinero escondido jamás podría abrir.

Versículo

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. – Lucas 16:10

Reto para hoy

Esta semana, cuando manejes dinero de otra persona, como un vuelto, una transferencia o una compra compartida, no lo dejes para después. ¿A quién tendrías que devolverle o aclararle una cuenta antes del viernes? Hoy revisa ese pendiente, manda un mensaje claro y entrega lo que no es tuyo aunque nadie lo esté reclamando.

Oración

Dios, dame manos limpias cuando la necesidad me apriete. Perdóname por las veces que he justificado quedarme con algo pequeño porque pensé que nadie lo notaría. Hoy te pido valor para aclarar esa cuenta pendiente y devolver lo que no me corresponde. Que mi trabajo honrado pese más que cualquier alivio escondido. Amén.

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