Carta a Taryn

Amada Taryn:

Te estoy escribiendo esta carta a las 3:00 de la mañana ya que no puedo dormir y quería compartir contigo. Hoy fue un día tan importante en tu vida al matricularte en la Universidad Estatal de Oklahoma. Este fue tu día… estabas tan entusiasmada de iniciar una nueva etapa en tu vida. Mientras escuchaba hoy en la orientación para padres, un consejero nos compartió acerca de la montaña rusa emocional en la que ustedes estaban embarcados. Como madre de una adolescente… creo que el símil se queda corto.

Lo que no comprendí fueron las emociones mezcladas que experimentaba ya que mi orgullo estaba nublado por la egoísta tristeza de perder a mi niñita. ¿Cómo saber que habías crecido lo suficiente para sobrevivir a setenta y cinco millas de mamá? Eres una persona sorprendente y la verdad es que estabas lista para tu nueva jornada, ¡era yo la que no lo estaba! Tienes una perspectiva fantástica de la vida y tu fuerte fe en Dios me da mucha paz, ¡gracias!

Todo en lo que podía pensar era qué darte para que te aferrases a esta gozosa ocasión. Estabas tan entusiasmada que seguías diciéndome que recordarías este día para siempre que me pregunté si este día exacto realmente estaría en tu mente dentro de treinta años… ya que yo no podía recordar el mío. Como te das cuenta ahora… estaba equivocada.

Así que aquí está mi regalo para ti. Estoy compartiendo tu día con todos los que escuchen. Todo el que te conoce sabrá de tu naturaleza dadora. Estoy usando tu historia para darle a otros de manera cónsona con tu hermoso corazón, sabiendo que cuando das, recibes.

Experimentamos tu último año juntas y aunque ya he pasado por esto dos veces antes con tus hermanos, su intensidad nunca disminuye. Fue un gran paseo para ti cuando pude ver tu gozo en todas las festividades de tu último año de secundaria.

El final fue un genuino clímax con tu baile de graduación: uno de los momentos más emocionantes de tu vida. Tu “grupo” de amigos estaba compuesto de nuevos y viejos; pero un denominador común era que todos eran buenos muchachos. Algunos de ellos, parejas, otros, solo amigos y un chico loco fue solo… su nombre: Matt. Eso no importó, habías estado cerca a él por mucho tiempo y recibió el afecto de todas las chicas que le amaban como tú.

Este espíritu libre, al que había conocido hacía cuatro años cuando lo trajiste a la cena de la práctica de la boda de tu hermana, pude ver claramente por qué te agradaba. Era la imagen del buen chico, íntegro, que uno aprobaría si existiese un chico digno de estar cerca de nuestra hermosa hija, nuestra bebé. Se quedó en tu vida a lo largo de toda la secundaria y no pudiera estar más contenta si todos los que llevases a casa fueran como él.

Recuerdo las fotos que tomamos en nuestra casa antes del baile de graduación y recordé sentirme triste por él, sin pareja, hasta que su fantástica personalidad le hizo el centro de atención. Sus fotos reflejaron que estaba en su elemento. Alquilaste una limosina y me sentí aliviada de que el riesgo de que tomases y condujeses fuese eliminado. El grupo satisfizo mis expectativas y todos regresaron a casa sanos y salvos a la mañana siguiente ¡habiendo disfrutado el tiempo de sus vidas! Estabas mostrando señas de crecer… eras la chica perfecta.

De camino a casa después de la matrícula hoy, el teléfono sonó. Era tu hermano y esperaba que llamaba para felicitarte en tu día especial. Su voz fue solemne, me pidió que te pusiera al auricular. Al escucharle, pude verte en el espejo retrovisor al conducir a casa. En esos pocos momentos vi en tus ojos lo que las palabras nunca podrán describir: envejeciste años en sólo momentos. Nunca olvidaré esa mirada en tus ojos. No estabas preparada, no habías sido advertida para poderte proteger. Sólo nuestra fe en Dios nos permite soportar esos momentos. Siempre recuerda que esta fe es lo que necesitas para seguir adelante.

Cuando colgaste, balbuceaste que Matt se había ido. Me tomó mil preguntas para sacarte alguna información ya que el “shock” te había atontado. Tus primeros pensamientos fueron de ira porque “alguien del grupo le hubiese permitido beber y conducir”. Los detalles de cómo murió no son importantes, lo que importa es que Matt era un buen chico que nos dejó en lo mejor de su vida. Sé que cuestionabas por qué Dios permitiría esto. Intenté imaginarme el dolor que su familia sentía y los pensamientos devastadores de todo padre que tiene que enterrar a su hijo. Cuando seas madre algún día, entonces podrás comprender que no puede haber nada peor.

Han pasado ya horas y estás exhausta y semidormida, tus ojos rojos y tu rostro triste. Mi corazón se rompe al no poder librarte del dolor que sientes. El servicio memorial de velas esta noche en la secundaria estuvo lleno de muchos que amaron a Matt. Lo único que puedo darte es el regalo de la fe. Una fe de que Dios tenía un plan especial para Matt de tocar las vidas de tantos, compartiéndolo con nosotros por breve tiempo. El don de Matt de tocar a tantos se hace evidente ahora que se ha ido.

Un mensaje para hacer saber a todo amigo que nunca está bien beber siquiera una gota y colocarse detrás del volante de un auto. No temer llamar a un padre o a un amigo y pedirles que nos recojan si hemos estado tomando. Que ninguna decisión es buena cuando la hacemos bajo la influencia del alcohol. Que todos somos capaces de tomar malas decisiones de beber sin importar cuán buenas personas seamos. Todos somos humanos y podemos ser perdonados por nuestro Hacedor, por nuestros padres y por nuestros amigos. El sacrifico final de Matt tocará las vidas tanto de ustedes como de las de muchos amigos y aquí está mi oportunidad de honrar a Matt.

Le enviaré esta carta a muchas personas que nunca tuvieron la bendición de conocer a Matt. Aun aquellos que no estén experimentando los “goces” de la adolescencia, tienen sobrinos, primos, vecinos, o conocen a alguien que los tiene. Enviemos un mensaje por Matt: no bebamos y conduzcamos. Porque cada vida a la que su historia sea contada, le estaremos enviando una bendición a alguien que puede salvarse.

Taryn, dijiste esta mañana que este sería un día que recordarías por el resto de tu vida. Ahora estoy convencida de que así será. Te ama siempre, incondicionalmente, tu Mamá.

Missy Wright, Jun 20, 2006
Siempre el alcohol deja una triste huella en el alma. Mejor es no caer en las garras del alcohol.

Andan a tientas en medio de la oscuridad,y se tambalean como borrachos. Job 12:24,25.

Pues borrachos y glotones, por su indolencia, acaban harapientos y en la pobreza. Proverbios 23:21.


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Maria Eugenia Jiménez Polanco Recent comment authors
Maria Eugenia Jiménez Polanco
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Gracias por las reflexiones y vídeos,son de bendición a mí vida,y los compartire con mis contactos de Facebook ahora.

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