Espera en Jehová, y él te sostendrá
Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová. — Salmo 27:14 — RVR1960

Mi hija pequeña me pidió un pastel de manzana una mañana de otoño. «Ahora», dijo, con esa urgencia con la que los niños piden todo. Le expliqué que primero había que ir por las manzanas, pelarlas, hacer la masa, esperar a que el horno calentara y luego dejarlo enfriar. Me miró como si yo le hubiera dado una mala noticia. «No me gusta esperar», murmuró, y se sentó en el suelo de la cocina con los brazos cruzados.
La entiendo más de lo que quisiera. Porque yo también le he pedido cosas a Dios y he escuchado, en el silencio, algo que se parece a «todavía no». Y he descubierto que el «todavía no» duele más que el «no». El «no» cierra la puerta y uno se acomoda. El «todavía no» deja la puerta entreabierta y ahí me quedo, mirando, esperando, preguntando si de verdad va a pasar algo.
Esa mañana, mientras mi hija esperaba impaciente, yo estaba haciendo el pastel. No la ignoraba. Estaba trabajando en lo que ella había pedido, solo que ella no podía ver la masa reposando ni el horno calentándose. Veía una cocina donde, aparentemente, no ocurría nada.
Así es como muchas veces me equivoco con Dios. Confundo su silencio con ausencia. Confundo el tiempo que pasa con un olvido. Pero el salmo me corrige con ternura: «Espera en Jehová». No dice espera a que se te acabe la paciencia. Dice espera en Él, como quien descansa en los brazos de alguien que sí ve la tarde entera, mientras yo solo alcanzo a ver el minuto siguiente.
Esperar bien no es cruzarse de brazos con enojo. Es una forma valiente de confiar. Es creer que el mismo Dios que prometió también está preparando, aunque yo no vea la masa reposar. Cuando por fin saqué el pastel del horno, mi hija había olvidado la impaciencia. Solo estaba el gusto de algo bueno, hecho a su tiempo.
Hoy, si estás en un «todavía no», quiero recordarte esto: Él no se ha ido de la cocina. Está obrando. Y a su tiempo, lo que esperas saldrá tibio y bueno de sus manos.
Oración
Padre, tú sabes lo difícil que me resulta esperar. Confieso que muchas veces confundo tu silencio con distancia, y tu «todavía no» con un olvido. Perdóname por sentarme con los brazos cruzados, enojado, como si tú no estuvieras haciendo nada. Ayúdame a entender que mientras yo espero, tú estás obrando cosas que aún no alcanzo a ver. Tú miras la tarde entera; yo apenas veo el minuto que viene. Dame el valor de esperar bien, no con resignación amarga, sino con una confianza tranquila. Enséñame a descansar en tus tiempos como un hijo descansa sabiendo que su padre no se ha ido. Fortalece mi corazón cuando la espera se hace larga y la duda toca a la puerta. Recuérdame que tú eres fiel a lo que prometes, y que nada de lo que preparas llega tarde. Que aprenda a decir, en medio de la espera: confío en ti, aunque no lo vea todavía. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar
- ¿En qué área de mi vida estoy viviendo hoy un «todavía no» de Dios?
- ¿Confundo su silencio con ausencia? ¿Qué evidencia tengo de que Él sigue obrando?
- ¿Cómo se ve para mí esperar con valentía en lugar de esperar con enojo?
- ¿Qué cosa buena ha traído Dios a mi vida que llegó a su tiempo, no al mío?
- ¿Qué le quiero decir a Dios sobre lo que estoy esperando ahora mismo?



