Parábolas Para El Alma

¿Sueltas la cuerda o descubres hoy el poder de creer?

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¿Sueltas la cuerda o descubres hoy el poder de creer?

La cuerda en la niebla

“Un caminante cansado llegó a un puente estrecho cubierto por una niebla espesa. Su lucha era confiar sin ver la otra orilla.”

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Un caminante cansado llegó al borde de un arroyo crecido. Sobre el agua se extendía un puente estrecho de madera, pero esa mañana una niebla espesa lo cubría todo. El caminante miró hacia adelante y no pudo ver la otra orilla. La bruma se tragaba las tablas a pocos pasos de sus pies, y el rumor del agua que corría abajo le recordaba que un solo paso en falso lo arrojaría a la corriente.

Junto a la entrada del puente había una cuerda tensada, atada a un poste de su lado. El caminante la tomó con la mano. Le pareció delgada, gastada por el roce de muchos años. La sacudió con desconfianza y pensó: "Esta cuerda no aguantará. No veo dónde termina, no veo a dónde me lleva. ¿Cómo voy a confiar mi vida a algo que se pierde en la niebla?"

Se quedó allí, paralizado. La ausencia de la otra orilla le parecía una prueba de que nadie cuidaba ese cruce, de que estaba solo frente al peligro. Mientras dudaba, una anciana llegó por detrás, saludó con calma, tomó la misma cuerda y avanzó sin apuro. Sus pasos sonaban firmes sobre las tablas húmedas hasta que la niebla la escondió por completo.

Luego cruzó un pastor con su rebaño. Después pasó una madre que llevaba a su hijo de la mano. Todos se aferraban a la misma cuerda gastada y desaparecían tranquilos en la bruma. Ninguno volvió corriendo. Ninguno gritó. Ninguno cayó.

El caminante miró de nuevo la cuerda. La siguió con los ojos hasta donde la niebla se lo permitió, y entonces comprendió algo que antes no había pensado: la cuerda no terminaba en su mano. Si estaba tensa, era porque también estaba amarrada del otro lado, en un poste que él no podía ver. Otros habían cruzado antes. Alguien había preparado el camino antes de que la niebla cubriera el puente.

Avergonzado por su miedo, respiró hondo y cerró los dedos con fuerza. Dio el primer paso. La tabla crujió, pero resistió. Dio el segundo, luego el tercero. No veía la orilla, pero sentía la cuerda firme en su mano. Poco a poco, la niebla se abrió y sus pies tocaron tierra segura. La otra orilla estaba allí, firme, donde siempre había estado.

Moraleja: Cuántas veces, cuando una crisis nos cubre el camino de niebla, confundimos la falta de claridad con la falta de cuidado de Dios. Como aquel caminante, queremos ver toda la orilla antes de dar el primer paso, aunque Dios ya nos haya dado una cuerda firme para avanzar. La fe no consiste en entender todo el puente, sino en aferrarnos a lo que Dios ya mostró y obedecer el paso que tenemos delante. No sueltes la cuerda solo porque no ves el otro extremo; da el paso correcto hoy, y recuerda que la orilla sigue en manos de Dios.

Versículo

Porque por fe andamos, no por vista. – 2 Corintios 5:7

Reto para hoy

Esta semana, cuando una decisión se te llene de niebla, como un resultado médico, una conversación difícil o un cambio de trabajo, no exijas ver todo antes de obedecer. ¿Cuál es el primer paso que ya sabes que debes dar? Hoy escribe ese paso en una nota y antes de dormir haz una acción mínima: llama a esa persona, envía el mensaje o agenda la cita.

Oración

Dios, me cuesta confiar cuando no veo cómo termina lo que estoy viviendo. Perdóname por confundir mi falta de claridad con tu falta de cuidado. Dame valor para dar hoy el paso obediente que ya conozco, especialmente con esa conversación o decisión que estoy evitando. Afirma mi confianza cuando todo parezca cubierto de niebla. Amén.

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