Aquel joven parecía no percatarse de ser observado, mientras hacía el esfuerzo por sacar un alacrán que se ahogaba en el río, pero cada vez que lograba asirlo el alacrán levantaba su aguijón para picarlo, lo que producía que el joven lo soltara y cayera una vez mas al agua. Así repitió una y otra vez la odisea, siempre con el mismo resultado. Entonces el espectador impaciente le pregunta: ¿Por qué insistes en salvar ese alacrán que cada vez que lo intentas te quiere picar? A lo que el joven contestó: “su naturaleza es picar, mi naturaleza es salvar”.
La naturaleza de Dios es amar, ama al pecador aunque no ama el pecado. Te ama a ti, aunque tu naturaleza haya sido pecadora.
La escritura dice que al que más se le ha perdonado, más ama.
¿Le has pedido a Cristo que viva en tu corazón y sea el Señor de tu vida? Si tu respuesta es afirmativa ¡qué privilegio el tuyo! Ahora tu naturaleza es amar. Sí lo has leído bien, tu naturaleza es amar, amar a Dios.  El dice que el que ha nacido en Cristo, nueva criatura es, que te ha dado espíritu de amor…
¿No le has recibido aún? Puedes hacerlo ahora, en este mismo instante, solo lee en voz audible lo siguiente, con convicción: “Dios mío hoy me doy cuenta de cuánto te necesito, que sin ti es inútil y desgastante vivir, necesito de tu amor, abro las puertas de mi corazón y te pido Jesús seas el Señor de mi vida, sana mi corazón, perdóname como yo también perdono. Gracias Amado Señor en el nombre de Jesús, amen”.
¿No sabes cómo amar a Dios?  Permite que tu nueva naturaleza cobre vida. Ya no seas tú, sino Él. Cualquier esfuerzo resulta vano. Es como pretender ordenar a tu sangre fluya por tus venas, cuando ya lo hace de manera natural.
Ingresaron en mi casilla de correo electrónico no menos de trescientos mails provenientes de nuestros estimados lectores RDP que afirman haber perdido su primer amor, otros anhelan encender la chispa de su amor por Dios y me preguntan cómo hacerlo.
La única respuesta que conozco basada en la propia experiencia que he vivido ha sido: -Entrar en mi recámara, cerrar la puerta, doblar mis rodillas y decirle: “Padre amado vengo ante ti a rendir mi corazón, a decirte que te necesito Señor, menguo yo para que crezcas tu. Enséñame a amarte como me amas tú. Eres bienvenido Espíritu de Amor, inúndame con tu amor”.
¡!Ahhh!! Momento sin igual, no hay palabras que puedan describir la asombrosa respuesta de mi Amado. Me envuelve en Su presencia, con su amor, me seduce, me abraza, me enamora.

El te dice hoy:   “Paloma mia, que anidas en las grietas de las rocas y en los riscos de las montañas, déjame ver tu rostro, déjame oir tu voz; porque tu voz es dulce y hermoso tu rostro” Cantares 2.14
El te espera como un enamorado. Ya no te escondas, muéstrale tu rostro, déjale escuchar tu voz.

“Déjalo que coloque uno de sus brazos bajo tu cabeza y con el otro te abrace”. Cantares 8.3
“Nada puede acabar con el amor, nada puede destruirlo”  Cantares 8.7

Tu Amiga                                                                                                                                                                        Psic.Patricia Villanueva                                                                                                    vidadeexitopv@hotmail.com
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