Devocionales

Empiezo el año de rodillas ante Dios

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Empiezo de rodillas: antes de todo, primero Dios.

Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he elevado mi alma. — Salmo 143:8 — RVR1960

Empiezo de rodillas: antes de todo, primero Dios.

Cada enero abro un cuaderno nuevo y escribo mi lista con letra decidida: metas, hábitos, sueños que quiero alcanzar. Este año hice lo mismo. Anoté todo lo que pensaba lograr con mi propia fuerza, subrayé lo importante y hasta puse fechas. Sentía que, si me esforzaba lo suficiente, todo saldría bien.

Pero esa noche, con la casa por fin en silencio, me detuve frente a mi lista y algo no encajaba. Tanta energía, tantos planes, y sin embargo un vacío raro en el pecho. Había organizado el año entero sin haber orado ni una vez. Había decidido cómo caminaría antes de preguntarle a Dios hacia dónde ir.

Entonces hice algo que no acostumbro. Dejé el cuaderno sobre la mesa, me arrodillé junto a la silla y junté las manos. No fue elegante. Me temblaban un poco las piernas y no sabía bien qué decir. Solo susurré: «Señor, no quiero empezar este año solo con mis fuerzas. Empiézalo tú conmigo».

En esa quietud entendí algo que había olvidado. Arrodillarse no es rendirse a la derrota; es rendirse en confianza. Es reconocer que necesito a Dios antes de necesitar mi lista. El propio Jesús, antes de sus días más difíciles, se apartaba a orar. Si Él, siendo el Hijo, buscaba primero al Padre, ¿cómo iba yo a lanzarme al año sin buscarlo a Él?

Me di cuenta de que la manera en que empiezo marca la manera en que continúo. Si arranco corriendo, corro todo el año. Pero si arranco de rodillas, camino todo el año apoyada en Alguien más fuerte que yo. Orar no es debilidad; es sabiduría. Es dejar de cargar sola lo que Dios quiere cargar conmigo.

Volví a tomar el cuaderno, pero ahora lo miré distinto. Mis planes seguían ahí, pero ya no eran míos solamente. Los había puesto en manos abiertas. Y por primera vez, en lugar de ansiedad, sentí paz.

Hoy, si tú también tienes una lista y un pecho apretado, te invito a lo mismo. Antes de empezar, arrodíllate. No tienes que tener las palabras perfectas. Solo entrégale el año a quien nunca se equivoca de camino.

Oración

Padre, vengo a ti antes que a mis planes. Confieso que muchas veces empiezo corriendo con mis propias fuerzas, como si todo dependiera de mí. Hoy quiero comenzar distinto. Me arrodillo delante de ti, no porque sea débil, sino porque tú eres mi fortaleza. Toma mis metas, mis sueños, mis miedos, y ponlos en tu mano fiel. Enséñame a depender de ti cada día, a buscarte primero antes de decidir. Así como Jesús se apartaba para orar, quiero aprender a detenerme en tu presencia. Que este año no lo construya sobre mi esfuerzo, sino sobre tu gracia. Donde yo no vea, guíame. Donde yo tema, sostenme. Donde yo quiera correr solo, recuérdame arrodillarme. Gracias porque tú nunca te equivocas de camino y porque caminas conmigo. En quietud y confianza deposito este año entero delante de ti. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué áreas de este año estoy confiando más en mis fuerzas que en Dios?
  • ¿Qué significaría para mí empezar algo importante de rodillas, en oración, antes que en acción?
  • ¿Qué planes o sueños necesito poner hoy en las manos abiertas de Dios?
  • ¿Cómo cambia mi paz cuando reconozco mi necesidad de Él antes de comenzar?
  • ¿De qué manera puedo hacer de la oración el primer paso y no el último recurso?
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